¿Te has parado a pensar alguna vez acerca de cómo influyen tus creencias en tu día a día, y en tu autoestima?

Cuando hablamos de creencias hablamos tanto de los mensajes generales y abstractos acerca del funcionamiento del mundo y el sentido de la vida (por ejemplo: hay que vivir el momento)… como de creencias que te atañen a ti directamente (por ejemplo: soy una buena persona).

Las creencias pueden ser: limitantes o potenciadoras.

Las limitantes, como te puedes imaginar, nos frenan a la hora de atrevernos a probar cosas nuevas, por ejemplo si creo que todos los que practican escalada son unos locos inconscientes y yo no me quiero identificar con esas cualidades… no me animaré nunca a practicar escalada; o si creo que el yoga es aburrido y sirve de poco no voy a experimentar nunca lo beneficioso que resulta para el equilibrio del cuerpo y la mente.

Por el contrario, las potenciadoras nos animan a tener una actitud de acercamiento hacia las personas o actividades de las que tenemos una creencia positiva. Pensando en los ejemplos anteriores, si creo que la gente que escala sabe cómo concentrarse y superar sus miedos, es más posible que busque cursos o centros donde pueda entrenar este deporte; o si creo que el yoga es una disciplina muy completa y beneficiosa, seguramente termine probando alguna clase.

Estas generalizaciones están presentes más a menudo de lo que somos conscientes y nos llevan a tener opiniones o realizar juicios de personas o cosas que no conocemos de primera mano, o de las que conocemos unos pocos casos a los que otorgamos la cualidad de verdad absoluta.

A nivel personal vamos cargando nuestra mochila de creencias acerca de quiénes y cómo somos. Muchas vienen de nuestra infancia, de cosas que nos decía nuestra familia, amigos, profesores… y que se han ido instaurando en la definición y valoración que hacemos de nosotros mismos, Yo soy/Yo no soy, A mí me gusta/A mí no me gusta… son frases que decimos muy a la ligera, sin pararnos a pensar en la importancia que tiene que nos las creamos sin más, ya que pueden llevarnos al inmovilismo. Sin embargo, las personas no somos igual a lo largo de las etapas de nuestra vida, cambiamos, crecemos, maduramos y avanzamos en base a cómo interpretamos las experiencias que vivimos o que conocemos de otros, y para ello el primer paso es tener la mente abierta libre de creencias que nos limiten.

¿Cómo sabes que no te gusta si no lo has probado?

Liberarnos de las creencias limitantes

Muy a menudo me encuentro con personas a las que les gustaría hacer cosas que sus creencias limitantes no les permiten, o que no dejan de hacer ciertas cosas que ya no les motivan porque creen que forma parte de ellos.

Te doy algunos ejemplos muy generales a ver si te identificas con alguno de ellos:

  • A mi edad ya…
  • Esto … no es para mí
  • No soy capaz de … (adelgazar, dejar de fumar, empezar a hacer deporte, cambiar de trabajo…)
  • ¡A ver qué van a pensar los demás! (de probar algo nuevo, cambiar de look,…)
  • El que nace pato… (en relación con habilidades)
  • Soy muy perfeccionista, si no lo puedo hacer bien mejor no lo hago
  • El tiempo libre es para descansar
  • Los deportes no son para mí
  • Soy un negado para …

Y podríamos seguir y seguir, con diferentes aspectos de la vida y del deporte.

Cuando identifiques una creencia para un momento y sigue estos pasos:

  1. Identifica la creencia: A mí no me gusta la velocidad.
  2. Hazte preguntas sobre ella: ¿Hace que avance o que me mantenga en una zona de confort? Me limita porque no me deja ir más rápido con la bici, me mantiene en una zona que controlo, pero me frena el disfrute ¿Quiero mantenerla o eliminarla? Eliminarla.
  3. Busca experiencias pasadas o ejemplos que la contradigan: En el pasado me encantaban las atracciones que iban muy muy rápido, y hoy en día me siguen gustando.
  4. Piensa qué hay detrás de la creencia que hace que siga en ti a pesar de que quieres eliminarla: Mientras no me guste la velocidad no tengo que arriesgarme, puedo seguir montando en bici como hasta ahora, aunque sienta que me quedo estancada.
  5. Una vez identificado el beneficio que hay detrás de tu creencia te recomiendo que pases unos cuantos días enviando conscientemente a tu cerebro un mensaje que no sea radicalmente opuesto, pero que vaya modificando al que había inicialmente: No me gusta ir descontrolada, pero poco a poco quiero ir aprendiendo a ir más rápido.

Recuerda que está en tu mente ser como tú quieras ser

Redefine tu personaje
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