Las obligaciones nos atenazan cada día, desde que nos levantamos con el sonido del despertador, hasta que nos acostamos tratando de poner en orden las tareas del día siguiente.

Vivimos en un no parar, todo rápido, todo intenso, muévete, haz, piensa, llama,… ni un minuto para parar, respirar, cerrar los ojos, sentir el sol, el aire, o el frío en el rostro. Ni un segundo para escuchar en silencio nuestro interior o charlar distendidamente con un amigo… menos cuando hacemos eso que nos gusta, esa actividad, ya sea correr, montar en bici, escalar, cocinar, coser… que nos transporta a un lugar en el que el espacio se difumina y el tiempo se para.

Esa actividad elegida por nosotros y en la que sentimos que fluimos es nuestro regalo, el tiempo que nos dedicamos, nuestra forma de decirnos que nos queremos, que nos cuidamos. Es un tiempo en soledad si queremos hacerlo solos, o un tiempo de desahogo si lo hacemos acompañados. En cualquier caso, es un tiempo que elegimos darnos, libre y voluntariamente.

Entonces, ¿Por qué, si esto es así, nos cuesta tanto a veces dedicarnos ese tiempo? ¿Por qué nos ponemos excusas si sabemos que nos despeja la mente, nos da la energía que la rutina nos roba y nos pone de mejor humor?

Una sencilla y aparentemente inofensiva frase es la causante de muchas de nuestras bajas TENGO QUE

TENGO QUE cae en nuestra mente como otra obligación que, sencillamente, ya no aguantamos, necesitamos revelarnos, sentir que podemos elegir, mandar en nuestra vida, llevar el timón…

Mi pregunta es ¿TIENES o QUIERES? Ya sé que me dirás que si quieres  mejorar, avanzar en el deporte o en tu actividad de ocio, o en el objetivo que te has marcado, tienes que entrenar, practicar o esforzarte, y es cierto, pero… déjame hacerte otra pregunta ¿TIENES o QUIERES mejorar, avanzar, entrenar?

Recuerda por qué lo haces, cuál es tu motivación, tus razones,… habla contigo mismo, pregúntate cada día QUÉ QUIERES y PARA QUÉ lo QUIERES, sé sincero, no te engañes ni pongas límites a tus deseos, ellos te indicarán el camino y te ayudarán en cada una de las elecciones que hagas en tu día.

Recuerda, la próxima vez que la pereza te atenace las piernas, te agarre y llene tu mente de excusas, te haga sentir más cansado de lo que realmente estás y te lleve a pensar para qué hago esto… párate y dite a ti mismo QUIERO HACERME ESTE REGALO.

Yo quiero... elegir
Atrévete a parar y elegir

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