Este año…

me pongo las pilas

voy a entrenar y me voy a poner como un toro

me voy a quitar estos kilitos y voy subir como un tiro

le voy a dar a los pasos sí o sí, ¡ni un pie a tierra más!

¿Alguna vez te has oído diciendo o pensando alguna de estas frases? Y ¿qué ha pasado después? ¿Has llegado a cumplir tus propósitos?

Si cada temporada empiezas con ganas de avanzar y mejorar pero luego los planetas se alinean para que no lo consigas, el problema puede que no hayas fijado correctamente tus objetivos, y no por culpa de tu fuerza de voluntad.

 

¿Fijar objetivos?

Sí, ya sé que tienes clarísimo lo que te gustaría conseguir a largo plazo… pero para llegar hasta eso hay una serie de pasos intermedios muy importantes que hay ir dando en el camino de la mejora.

El primero y más importante es definir tus objetivos para la temporada, y el segundo identificar cuáles son tus fortalezas y debilidades, para potenciar unas y reducir otras.

 

Empezamos…

Parece muy fácil, pero pocas personas logran concretar lo que quieren conseguir, y cómo, con suficientes detalles para alcanzarlo. Vayamos paso por paso. Vamos a suponer que una persona nos dice que quiere mejorar sus pedaleos y de ahí iremos aplicando las reglas de oro.

¿Qué pedaleos quieres mejorar? ¿Las subidas largas y mantenidas, las técnicas, o los que te encuentras en medio de las bajadas? es decir, ¿el fondo, la fuerza, la técnica?

¿Para qué quieres mejorar tus pedaleos? ¿Para llegar a los enlaces en las carreras? ¿Para fundir a tus amigos en el Strava? ¿Para ganar tiempo en las bajadas?

¿Cómo sabrás si lo has conseguido?

Como ves un objetivo tiene muchos aspectos a tener en cuenta, y si no está bien definido lo más probable es que caiga en el olvido, o que no lo podamos mantener porque ni siquiera sepamos por dónde empezar… En este artículo te vamos a dar algunas ideas de cómo plantearte esta nueva temporada (todos sabemos que el año empieza en septiembre, aunque enero sea la segunda oportunidad de empezar bien…)

 

  1. Define el área a trabajar

Para saber en cuál estás más flojo y decidir a qué vas a prestar más atención te aconsejo que pienses en las diferentes áreas relacionada con eso que quieres mejorar y que puntúes tu capacidad en cada una de ellas. Cuando lo tengas verás en qué áreas estás más flojo y en cuáles más fuerte, y tendrás una idea de por cuál, o cuáles, empezar a trabajar.

 

2. Concreta

¿Y eso cómo se hace? Muy sencillo REMAR. ¿REMAR? Sí ya verás, necesitas que tu objetivo sea:

Realista: suficientemente retador para justificar el esfuerzo

¿ves algún inconveniente para su realización? ¡Si previenes los inconvenientes podrás poner solución ¡incluso antes de que aparezcan!

Específico: describiendo claramente los detalles para realizarlo

¿dónde lo vas a hacer? ¿cada cuánto? ¿qué recursos necesitas? Si no tienes en cuenta dónde, cuándo y qué necesitas te encontrarás con que o bien no lo haces, o cuando lo quieres hacer te faltan los recursos.

Medible: dejando claro cómo se va a valorar el resultado

¿cómo registrarás si lo que has realizado te es beneficioso? Si no sabes cómo estás antes de empezar… ¿cómo vas a saber si mejoras?

Alineado: coherente con el objetivo final

¿en qué manera te ayudará a conseguir tu objetivo final? Si tu objetivo final es que te fiche un equipo de DH y te pones a correr duatlones… es posible que no te ayude mucho, ¿no crees?

Rápido: asequible de implementar en un tiempo breve

¿te es posible comenzar a implementarlo, hoy, mañana, o en la próxima semana? La pereza o miedo se vencen mejor con la motivación que experimentamos los días de subidón, recuerda, ¡si es hoy mejor que mañana!

 

3. Conócete mejor

Para hacerlo te propongo que pienses acerca de tus fortalezas, aquellas habilidades aprendidas o innatas a las que te vas a agarrar fuertemente para superar las debilidades. De cada una hay dos tipos, internas (las que tienes dentro o dependen exclusivamente de ti) y externas (están fuera de ti y por tanto dependen de otras personas). Intenta rellenar la tabla de abajo poniendo cinco características de cada una (cinco fortalezas internas y cinco externas, cinco debilidades internas y cinco externas) que puedan tener relación con tu objetivo.

 

Y recuerda, no es escasez de fuerza de voluntad lo que te lleva a abandonar, sino que son los propios objetivos mal formulados los que te roban fuerza de voluntad

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