Artículo escrito en colaboración con Katya Vázquez y Natalia Pedrajas (Escuela de Desarrollo Emocional)

 

Mucho se habla hoy en día de cómo cuidar nuestra salud física, sin embargo, no somos conscientes de que nuestro cerebro también necesita cuidados para funcionar a pleno rendimiento.

 

Los misterios del cerebro

Estudiar el cerebro humano en funcionamiento es a día de hoy todo un reto.

A medida que los científicos van desvelando nuevos conocimientos sobre él son más impresionantes y complejas las incógnitas que aparecen.

Sabemos que nuestros pensamientos, emociones y acciones (tanto de los voluntarios como de los que ni siquiera somos conscientes) se generan en nuestro cerebro gracias a la producción y recepción de neurotransmisores, que salen de unas neuronas para ser recogidos por otras.

Hoy en día es casi imposible saber con certeza qué neurotransmisores están detrás de cada una de las acciones que realizamos.

Sin embargo, hay algo que sí se ha podido estudiar con más «facilidad», y son las ondas eléctricas que se producen en los intercambios entre neuronas, que son claramente diferentes dependiendo de la actividad que estemos realizando.

Se sabe que cada onda producida en el cerebro se mueve a diferente frecuencia y que cada una se asocia principalmente con un tipo de actividad.

Entre las más conocidas se encuentran las ondas Beta, Alfa, Theta, Delta y Gamma. Por ejemplo, las onda Beta se relacionan más con tareas cognitivas que implican pensamiento racional y atención al exterior, mientras que las Delta se asocian al sueño profundo.

 

¿Para qué sirve saber qué ondas se producen en el cerebro?

Según Joseph Kamiya, es posible entrenarnos para pasar de una a otra onda forma fluida y flexible. Es decir, es posible pasar de un estado de activación del organismo a otro de reflexión cuando lo necesitemos.

Además, señala que es importante no dejarnos «atrapar» por ninguna onda. Por ejemplo, no dejar que el «tengo que cumplir con las tareas del trabajo» nos atrape y no nos deje disfrutar de otras actividades de nuestro día.

Finalmente considera clave saber alinear la onda cerebral con la actividad que queremos o tenemos que hacer. Es decir, irnos a dormir cuando nuestro cerebro está relajado.

 

 

Pero ¿Cómo entrenamos estas funciones?

En el libro Entrena tu cerebro: neurociencia para la vida cotidiana, Marta Romo nos explica que para cuidar nuestro cerebro es importante que incluyamos actividades diversas dentro de nuestros hábitos diarios.

Su propuesta consiste en aplicar en nuestra día a día la dieta mental, para asegurar que tengamos unos hábitos de vida variados, equilibrados y adaptados a nuestras necesidades.

 

La dieta mental en la práctica

A nivel cerebral seguir esta dieta nos asegurará que tengamos variedad, equilibrio y adecuación de ondas (neurotransmisores) en nuestro cerebro, lo que implica mayor salud mental, aumento de la eficacia y mayor bienestar.

A continuación os resumimos qué tipo de actividades es importante que tengamos presente cada día, para asegurarnos que estamos cumpliendo estas recomendaciones:

Hacer

Es el tiempo dedicado a realizar tareas, cumplir objetivos, y tachar los «tengo» de nuestra lista diaria. Nuestro cerebro está muy entrenado hoy en día para esta función, y sabe cómo estructurarse para ser eficaz y conseguir un alto rendimiento.

Sin duda esta es la tarea que menos tienes que preocuparte por incluir en tu rutina, ya que seguramente la tengas en exceso.

No hacer

Consiste en dejar que el cerebro viaje por pensamientos aleatorios, sin guía, control, ni juicio. Suele darse cuando realizamos tareas automáticas, en las que tenemos que prestar poca atención (en la ducha, mientras corres, nadas, escuchas música…)

Es en estos momentos cuando el cerebro conecta ideas, aparentemente sin relación, pero de las que puede extraer soluciones a problemas que tenemos pendientes.

Deja que tu cerebro vuele un rato cada día, pero ¡ojo con hacerlo mientras conduces o montas en bici!

Actividades contemplativas

A diferencia de la anterior, sí guiamos al cerebro, parando algunos pensamientos que no nos interesan en ese momento, reconduciéndolos hacia otros que nos ponen en conexión con una parte más interna de nosotros mismos.

Practica actividades como el yoga, la relajación guiada, la meditación o el mindfulness (realizar de forma consciente determinadas acciones del día, como por ejemplo comer).

Juego

Son las actividades que realizamos de forma espontánea, creativa, de exploración, divertidas y que nos hacen reír y que el tiempo se pase volando.

En estos momentos el cerebro obtiene muchos beneficios de «liberación de espacio» que podríamos asemejar a cuando reseteamos o formateamos un ordenador.

Las personas adultas no vemos claro cómo podemos incluir el juego en nuestra vida… Sin embargo, si le damos una vuelta muchos de los momentos de nuestra vida pueden convertirse en un juego.

Puedes retomar juegos que te gustaban en la infancia, como hacer puzles, juegos de mesa, maquetas, resolver acertijos, inventar poesías, etc.

Ejercicio físico

Además de los beneficios del ejercicio para la salud, se produce una importante oxigenación del cerebro y la conexión con partes del cuerpo que en otras actividades están menos presentes y atendidas.

Incluye todos los días un rato para moverte, si te falta tiempo, prueba a unir el juego con el entrenamiento, y amplificarás sus beneficios.

Conexión social

El cerebro se nutre mucho de los momentos en los que mantenemos interacciones con otras personas. En estas situaciones mantenemos conversaciones, se movilizan emociones, cuestionamos pensamientos y creencias, en definitiva aprendemos

Podemos considerar en este apartado las películas, series, documentales y programas que vemos en la televisión o en el móvil, ya que son gran parte del alimento que damos cada día a nuestro cerebro,

¡Presta espcial atención a que estas interacciones sean de calidad!

Dormir

El descanso es clave, tanto para la recuperación de músculos, huesos y órganos, como del cerebro, ya que es mientras dormimos cuando se produce la «limpieza de las toxinas generadas por el cerebro».

Además, durante el sueño, en sus diferentes fases, se consolidan los nuevos aprendizajes y se relacionan con conocimientos anteriores.

Revisa si duermes suficientes horas, y si no lo haces… puedes empezar estableciendo una rutina antes de ir a dormir que te ayude a bajar la frecuencia en la que está funcionando tu cerebro.

Y ahora pregúntate…

¿Cómo vas a empezar a cuidar tu cerebro?

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