Hace tiempo me di cuenta de todas las veces que decía “Me gustaría ir pero no puedo”, o “No tengo tiempo”, “No llego”, “No doy a basto”…  hasta que un día decidí empezar a analizar si realmente era así y lo que encontré es que en la mayoría de los casos no era que no pudiera ir donde quería, sino que dos cosas que quería hacer coincidían en el tiempo. Por ejemplo: ir a una reunión del AMPA y estar con mi hija, ir a una carrera y dar un curso, quedarme en una actividad del colegio e ir a trabajar. Muchos me dirán que ir a trabajar no es algo que queramos hacer, sino que tenemos que hacer, y es ahí donde empieza el lío.

Empecé a pasar la regla del tengo/quiero a las cosas que había hecho a lo largo de un día, pensando qué me habían aportado, por qué y para qué las había hecho. Para las cosas que me habían ocupado un tiempo en el que hubiera preferido estar en otro sitio traté de pensar si podría haberlo hecho de otra forma, en otro momento y qué consecuencias habría tenido el cambio. Hubo momentos en los que me bloqueaba y no veía salida ni otras posibilidades, no es fácil cuando estás estresado o agobiado recomponer tus horarios. Así que me fui a un nivel más “profundo” de análisis, valorando mis prioridades, repensando lo que valoro, lo que quiero, lo que me gusta y lo que necesito.

Mi cambio de pensamiento llevó al cambio de actitud, y de ahí… al de comportamiento

Poco a poco empecé a obligarme a decir menos veces que estaba agobiada, o sobrepasada. Cuando alguien me preguntaba “¿Qué tal? Con mucho lío imagino”, yo respondía “Bueno no tanto la verdad, lo llevo mucho mejor”. Mucha gente esperaba que al invitarme a tomar un café o a vernos yo respondiera “Puf, no puedo”, y se sorprendían cuando decía “Sí claro, vamos a buscar el hueco”. A lo mejor ese “hueco” llegaba una semana más tarde, pero llegaba.

Por fin llegó un día en el que me vi en un consejo del AMPA, rodeada de 6 madres y padres más, con el comentario generalizado de “parece increíble que, de 300 familias que hay en el cole, sólo 7 hayamos venido”. Varios habíamos visto a otros padres y madres y muchos nos habían dicho lo mismo “Me encantaría ir pero…”, ahí estaba la famosa frase. Mi cambio de pensamiento y de lenguaje me llevó cambiar mi actitud, porque en ese caso no me sentía frustrada, ni enfadada ni decepcionada porque otros padres y madres no hubieran venido, sino que me sentí privilegiada de poder estar dedicando una hora de mi vida a aportar para la mejora de la experiencia educativa de mi hija. Ahí me di cuenta de que empezaba a ser dueña de mi tiempo.

Y es que creo que muchas veces me agobiaba de estar en el todo, en todas las reuniones, en todas las extraescolares, en todas las quedadas, en todos los entrenamientos, en todas las carreras, en todos los eventos… Ahora me esfuerzo por seleccionar, está claro que a veces me equivoco, me cargo más de la cuenta y luego lo pago con cansancio, pero incluso esas veces me siguen sirviendo aprender y prevenir.

Esto no es ningún misterio, ni una regla mágica, el autoconocimiento es lo que lleva al cambio.

Si quieres que esto también te pase a ti, si crees que tú también podrías llegar a ser dueño de tu tiempo, ven al Curso de Autoliderazgo que daremos el 24-25 de marzo en Madrid.

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